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No tan micro (relato)
Cuando el pez no perdió la memoria
Fue duro aprender a vivir sin ti. Es harto complicado para un caballito de mar verse solo en mitad del océano. Al principio pretendí dejarme arrastrar por la corriente, pero acababa las noches en el bar del olvido apostado en la barra de la nostalgia. En las mañanas me visitaban tambores de guerra y le pedía a todo el mundo que hablara en voz baja. Lo único que conseguí fue vivir en un mundo de susurros que me hacía pensar en esos te quiero que salían de tu boca entre silencios y miradas.
Cuando de tus labios escuché una renuncia irrevocable a lo nuestro, sentí un deseo irrefrenable de morir y quise perder la vida nadando hacia el fondo marino con la intención de abandonarme en él para ser presa fácil de alguno de esos peces carnívoros que usan una luz fluorescente para atraer a sus víctimas o, en todo caso, dejarme morir de hambre muy poco a poco. Pero conforme descendía hacia las más absoluta de las profundidades, fui encontrando sitios en los que nunca había estado y descubriendo la verdad sobre mí mismo.
Nunca he dejado de extrañarte. Decir que te he olvidado sería una auténtica falacia. Pero junto a la añoranza de tus besos que ocupa gran parte de mi corazón de mar he encontrado lugar también para las madrugadas con desconocidos y amigos en las que me siento adicto al amor libre, casi un exclavo del placer. De caballito de mar he pasado a marioneta del sexo. Lo mejor de todo es que soy yo quien maneja los hilos y todo lo que acontece no es más que la representación de un teatro que emana de mi inagotable imaginación.
He descubierto las dos caras del deseo. Ya no me conformo con un sexo, ahora voy de la carne al pescado exento de la dictadura de cualquier dieta. La vida tiene el color del arco iris. He salido del mar y me he dejado ver en la superficie terrestre. Ahora voy a la playa en verano a tomar el sol. En este lado del mundo los caballitos más apreciados son los sementales. De todos modos, no he abandonado el mar, siempre hay que volver al líquido elemento porque de allí venimos.
Ha pasado un tiempo, no sé si mucho o si poco, pero un tiempo en el que he liberado los fantasmas que me perseguían desde dentro. Ahora me reconozco en el espejo cuando sonríe el que está enfrente. Soy feliz, aunque estoy incompleto. Tú eres la pieza que me falta y aunque digan que los peces tienen una memoria fugaz, debe ser que en el recuerdo se me repite una cadencia de tres segundos de la que no logro evadirme, puesto que desde que te marchaste, e incluso desde antes de que te marcharas, mi memoria de pez le repite a mi alma: te quise, he dejado de quererte, ya no más no te querré. Adios, mi caballito, adiós. Cuídate siempre.
3 comments 13 Diciembre 2007
