Al filo de la madrugada
18 Enero 2008
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A mí que me robe El Lute
Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a una idea apasionante cuando, de repente, la policía- y para más inri no fue sólo la de mi país, sino también la portuguesa- desbarató mis planes. Llevaba meses planeando el relato de ficción de un atracador de bancos al que llamaban “El Solitario” y al que yo me imaginaba felizmente enamorado compartiendo vida con una dulce mujer a la que agasajara con joyas compradas con el dinero de sus asaltos a mano armada, llevaba meses, digo, pensando en ficcionar sobre un mito del delito hispánico cuando la policía desbarató mis planes y Antena 3 me robó el personaje.
Pero peor para ellos, porque después de ver la teleserie- volviendo a constatar la atracción que siento por Raúl Arévalo, incluso como secundario- reafirmo mi idea preconcebida de que no ha existido ni existirá en este país que antes se llamaba y se sigue llamando España por mucho que algunos lo vean en peligro de extinción, un delincuente tan apasionante y digno de literatura, cine y otras artes como lo fue El Lute. Primero, porque huyó cojeando de verdad y escondiéndose por necesidad de superviviencia en cualquier monte en el que lograba adentrase. Segundo, por la simbología de resistencia antifranquista que siempre se proyectó sobre El Lute. Tercero, porque El Lute huía a pie y sin necesidad de GPS, lo que lo humaniza frente a los mapas y estudios previos de El Solitario. Cuarto, porque al Lute lo interpretó Imanol Arias. Y quinto porque El Lute en la cárcel se puso a estudiar, se hizo abogado y hombre de letras-bien sabe el estante segundo de mi librería que su obra está ahí esperando a que mis inquietudes literarias la reclamen para su estudio- y habló de sí por sí mismo, callando hasta al bueno de Imanol porque nadie mejor que él podía contar su propia historia.
Esta mañana me he despertado con la imagen de un cobarde que negaba haber asesinado a dos guardias civiles después de presentarse gritando a los cuatro vientos su nombre criminalístico Salud, españoles, soy El Solitario cuando se le extraditaba a España desde su arresto portugués. La declaración de inocencia de esta mañana le hace perder todo el carisma que tenía. El Solitario que he visto esta mañana no es el delincuente sobre el que yo quise edificar un idealizado romance. El Lute murió con las botas puestas. En cambio, este nuevo enemigo público número uno es una falacia de la mística delictiva. Aún quedan en mi retina de niño ignorante de la existencia previa a su nacimiento de un régimen dictatorial, la imagen heroica, casi bella, de un Imanol Arias Lute arrastrándose sobre una pierna para escapar a las garras de una Guardia Civil que tenía permiso para tomarse la justicia por su mano. Además, El Lute ya no se llama El Lute, sino Eleuterio Sánchez y sobrevivió a una pena de muerte. El Solitario, siempre será El Solitario, delincuente cobarde. Seguro que ya nadie le espera en Brasil. Y es que ya nadie roba gallinas ni lo hace por necesidad.
Entry Filed under: General. Etiquetas: al filo de la madrugada, atraco, cine, cuento, delito, El Lute, El Solitario, josé ibáñez, la máquina de escribir, lamaquina, literatura, literatura inédita, Poesía, relato breve, robo, sevilla, Teatro.
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1.
Loy | 19 Enero 2008 at 10:42 am
Siento discrepar. Me da que se siguen robando gallinas por necesidad (quizás no sean gallinas literalmente, pero tú me entiendes), el problema es que jamás lo sabrás porque eso no vende lo suficiente como para sacarlo en la tele. Además esa gente tampoco tiene suficiente como para pagar un buen avogado que lo saque del truyo y lo convierta en leyenda, lo popularice y lo haga simpático para el burgo.
2.
Reyes | 22 Enero 2008 at 1:14 pm
Yo soy más de bandoleros, ese tipo de ladrones me han cautivado y me han robado el corazón.
Curro Jiménez, los siete niños de Écija, Corrientes, Tragabuche, … pero eso ya no existe.
3.
ArrorseGers | 7 Octubre 2008 at 2:28 pm
thank you, man