Archive for Febrero 2008
Me buscas y me encuentras
José Ibáñez. Sevilla.
Mañana, viernes 22 de febrero de 2008, comienza Me buscas y me encuentras, un nuevo programa en Radio Betis (89.6 FM) conducido por José Ibáñez y con la colaboración de Antonio Moreno, Nuria Tomás, Reyes Aguilar y Laura Montes.
Me buscas y me encuentras es un programa centrado en la literatura y la música, pero abierto a todas las manifestaciones de la cultura y la solidaridad. El programa tendrá forma de libro siendo cada edición como un capítulo. Los oyentes de Radio Betis podrán disfrutar de Me buscas y me encuentras los viernes de 18:00 a 19:00.
Me buscas y me encuentras será un programa divido en dos secciones, con una primera parte llamada El coloquio y una segunda dedicada a La entrevista. En este primer capítulo: Los placeres de la carne, El coloquio versará sobre literatura erótica y La entrevista será al grupo La última peseta, los últimos rockeros de Sevilla.
4 comments 21 Febrero 2008
El asesino de identidades
Este papel y esta tinta serán mis armas. Dispararé a bocajarro, sin contemplaciones. Apártate sino quieres salir dañado, pues las balas en forma de letras no diferencian interpretaciones. Me siento poderoso. Mi pistola literaria está ansiosa de expresarse. Quiero que mueras al leer este texto. Quiero que dejes de ser tú para empezar a ser otra persona.
Mirarte al espejo es la respuesta. Llegar a casa y quitarte la careta pública es el engaño. No somos nadie. La vida nos lo demuestra a cada instante mientras nosotros nos agarramos a nuestra identidad prostituida. Naces puro y al crecer, mueres. ¿Por qué te empeñas en esconderte tras unas ideas que no son tuyas? ¿Por qué callas ante opiniones no compartidas? El asesino de las identidades anda suelto por cualquier esquina. Desde la oscuridad te vigila, esperando el momento para acecharte.
Hoy mataré con dardos. Tú serás la diana de mis pensamientos escritos. Quítate la máscara que llevas puesta y lee estas líneas desde lo profundo. Cuando lo hagas, la flecha que te mando te golpeará sin que puedas conseguir salvarte. Dame lo que eres, no finjas. Quiero quererte a ti, no al disfraz que te ciñe la figura. El silencio nos hace cómplice, el miedo nos hace débiles y lo que ambos sentimos nos hace humanos.
Llora si quieres, ríe cuando puedas, grita si lo deseas, pero no mientas. Ofréceme tus sensaciones más puras, las que revolotean en el alma. Quiero conocer tus secretos, compartirlos, hacerlos mío y entenderte.
Agarra lo que aparentas y tíralo lejos. Tú no eres tu apariencia; eres lo que piensas y lo que defiendes. Pon tu mirada sobre la mía y júrame que siempre serás puro, que no dejarás que nadie imponga sobre ti ideas que no compartes. La educación es una cosa, la identidad propia está por encima.
Quererte sin reservas es lo que busco, pero no me comportaré como deseas para conseguir tu afecto. No me engañes, deja que penetre en tu ser no corrompido. La esencia de tu persona es lo que yo busco, y solo tú puedes dejar que la encuentre.
La mente del asesino acecha en el ambiente. Desde la oscuridad te vigila, sabe tus movimientos de antemano, mientras tú no reparas en su presencia cercana. No tienes escapatoria, eres blanco fácil. Ahora estás solo, sin manada en la que resguardarte.
El tiempo muere a cada segundo y a cada segundo, nace. La identidad propia es lo que queda. No hagas que sienta pena por ti, el asesino no tiene escrúpulos. Sé tu mismo ante los problemas, muéstrate con tus desgracias y ganarás en fortaleza. No pienso apiadarme de ti, y prometo dispararte donde más te duela la próxima vez que no sepas defenderte desde tus propios pensamientos. Es fácil aceptar lo que los demás piensan, y aún más fácil quejarte si el resultado no es el que esperas. Lo difícil es aportar tu perspectiva con entusiasmo, mostrar tus cartas sin temor al rechazo. El asesino de identidades teme que pienses por ti mismo. Eso le deja sin trabajo.
4 comments 18 Febrero 2008
Al filo de la madrugada
La candidez perdida
Me levanté el domingo temprano (relativamente) y bajé a la calle a comprar el periódico y, ya de camino, el desayuno familiar. Mientras guardaba cola en la churrería y escuchaba a un gitano del barrio decirle a otro que Camarón ya estaba en un sitio que no quedaba cercano, yo que había comprado El País porque venía de regalo La leyenda del tiempo que Camarón grabó con artistas como Raimundo Amador y Kiko Veneno, me paré a leer la columna de opinión de la última página del diario. Se titulaba Candidatos y estaba firmada por Manuel Vicent, de modo que me dejé seducir por la firma y me lancé a leerla a la par que vigilaba que nadie violara mi turno en mitad de la cola de cabezas que pedían “un euro de papas y dos de los largos”, los más osados, es decir; los que menos se preocupan por mantener la línea, también pedían un vaso de chocolate, yo no llegué a tanto.
Hablaba Vicent del origen etimológico de la palabra cándido de la que procede nuestro castellano candidato. Gracias a Vicent pude saber que cándido significa blanco y que en la antigua Roma los aspirantes a senadores se paseaban con una toga blanca (como se ve en las películas del peplum) para dar muestra de la limpieza de su pasado y de sus propósitos. Por su puesto, durante la “campañana electoral” romana, las togas se iban manchando y, al final, los candidatos aparecían en el foro impregnados de su propia mierda ante los ojos del pueblo. Hoy los políticos visten con tonos oscuros, si bien dentro del azul que suele ser habitual predomina el azul más cándido, ¿será reminescencia latina?, quizás lo hagan para disimular la mierda que se va impregnando al traje durante la campaña.
En estas elecciones los dos principales candidatos (los dos únicos si por algunos medios de comunicación se tratase) ya se han manchado bastante antes de que comience de forma oficial la campaña electoral de cara a las generales. Será complicado encontrar para el 9 de marzo algo de candidez entre los candidatos que se postulan a presidente del Gobierno. Al menos, habrá que tener cuidado y será todo un logro conseguir que al introducir la papeleta en la urna no nos salpique la basura que a ella vaya adherida. Dice Vicent literalmente que “Hay que votar al (candidato) que llegue con la sábana más limpia y no sea un fantasma”. Difícil me lo pones, Vicent, difícil me lo pones.
En la mitad de la columna del domingo pasado dejaba Vicent un espacio reservado a la candidez de las túnicas de la Iglesia Católica que también se ha metido en campaña aunque no haya una lista oficial con los nombres de obispos y prelados, pero ésa es otra historia.
Para leer el artículo de Manuel Vicent publicado el domingo, 10 de febrero de 2008 en el diario El País: http://www.elpais.com/articulo/ultima/Candidatos/elpepiult/20080210elpepiult_1/Tes
8 comments 12 Febrero 2008
El Termómetro
A veces, el termómetro explota…
Puede que solo sea enajenación mental transitoria, pero no quiero librarme de ninguna condena. Soy culpable, lo confieso, mea culpa. Estas derivas mentales que se derraman por entre mis dedos y representan mi confesión de culpabilidad hablan no solo sobre la locura, o la muerte, hablan de algo tan peligroso como la vida misma, y es el devenir de ésta. La muerte no me asusta, la guadaña que pende sobre mi cabeza y cuya cuenta atrás se hace más grande y luminosa cuanto más me alejo de la humanidad ni siquiera es capaz de erizar el vello de mi cuerpo. La belleza no me sorprende, las tersas pieles que de catódicos colores hacen gala, presas de la desidia, anulan mi sensibilidad. Cuento los cantos de las rocas que pasan sobre los injustos, aplastándolos, no me asquea la sangre que sus cabezas proyectan al despresurizarse su contenido. Reniego de toda ley más allá de la física, más allá de la única ley que acato, aquella que me impide hacer el mal a los demás. Reniego de las leyes que permiten la invulnerabilidad para aquellos que dicen ser adalides de la redención, tan falsa como su fe. Miro con desprecio el sudor que recorre la grasienta cara de los poderosos, vomito sobre la hipócrita mirada de los pastores, vocifero en una urna insonorizada que merecen la muerte una y mil veces por arrastrar al rebaño hacia la inmundicia. Una mueca de repulsión se asoma en mi cansado rostro al ser testigo de la estulticia de la masa vacía y sin objetivos que consume todo cuanto pasa por sus bocas llenas. Bocas llenas de mentiras, llenas de sandeces conducidas desde una boca hasta otras orejas, y caigo derrotado por la desgana al comprobar, entre miradas de disgusto, que continúan la fatídica cadena. No me da miedo la muerte, ya lo habéis oído, me da más miedo la vida plagada de cerebros manufacturados, moldeados con el permiso del resto de sus estrechos cuerpos. No me dan miedo las bombas, me aterrorizan aquellos quienes con júbilo montan sobre ellas la noche anterior al sembrado de miembros cercenados y familias desmembradas. Ni siquiera me asusta estar frente a sus estúpidas caras inquisidoras que me miran extrañadas, pensando, en un infinito esfuerzo, que me he vuelto loco, que la razón me ha dejado solo ante el jurado implacable. No quiero condescendencia, no deseo ser beneficiario de la clemencia que me obligaría a engrosar las filas del ejército de la pantomima exacerbada, el circo ambulante que representa la misma farsa trescientos sesenta y cinco días sin descanso. No quiero, prefiero morir a declarar que soy un actor más. Acepto, y no a regañadientes, ser el responsable de desgastar mi sesera pensando en que puedo pensar mejor. Admito ser un alborotador silencioso y no renegar de todo cuanto se ha recogido en mi declaración sincera y sin presiones. Que sea la descerebrada porción del común de los mortales quien imponga la pena por estos cargos que se me imputan, delego en ellos, las mismas víctimas que se sientan a testificar contra mí, que sean los pobres de espíritu los que me lleven a la horca. En mi último estertor de muerte gritaré uno por uno los nombres de los únicos mortales que merecen el favor de mi profundo respeto. Y al llegar el momento en que mi mente trascienda, oiré los llantos de personas cuyo número se podría contar con los dedos de mi mano muerta, mientras quienes me ajustician murmuran y regresan, una vez saciado el morbo, a esa insulsa celda de ladrillo y prejuicios que les mantiene presos de la ignorancia y la sumisión voluntarias.
A.MORENO
3 comments 6 Febrero 2008