El elefante y la libélula
23 Marzo 2008
Cualquier escenario sencillo en el que puedan hablar absurdamente un elefante rosa y su esposo libélula que aspira a convertirse en mariposa de colores, por ejemplo: un bosque tropical en la luna o un océano en mitad del desierto.
LIBÉLULA: Confiéseme una cosa
ELEFANTE: pregúnteme esa cosa
LIBÉLULA: ¿Es usted homosexual?
ELEFANTE: (extrañado) ¿Se refiere usted a si soy marica?
LIBÉLULA: Exactamente
ELEFANTE: (enfadado) ¿Y a usted qué le importa?
LIBÉLULA: Hombre, entienda que si usted no es homosexual, lo nuestro es imposible.
ELEFANTE: (sorprendido) ¿Es usted un hombre?
LIBÉLULA: Jamás se me hubiera ocurrido tal cosa. No tengo capacidad de raciocinio.
ELEFANTE: (conciliador) Bueno, me refiero a si es usted macho. Es decir, al género.
LIBÉLULA: (risueño) Sí, soy macho. Incluso de sexo. El término de género es tan anglosajón que me produce náuseas.
ELEFANTE: Entonces… (pausa) he de confesarle… (muy seguro) que soy gay.
LIBÉLULA: (sorprendido) ¿Se refiere usted a que es marica?
ELEFANTE: Of course.
LIBÉLULA: No lo había notado.
ELEFANTE: Hombre, no me diga eso. Siendo usted macho y yo también ¿qué pensaba que podía ser yo sino marica?
LIBÉLULA: Un elefante rosa.
ELEFANTE: (alegre) ¡Qué extraordinario! Jamás se me hubiese ocurrido. ¿Es suyo ese pensamiento?
LIBÉLULA: Lo sería si fuera yo un hombre.
ELEFANTE: (admirado) ¿Y no lo es?
LIBÉLULA: (molesto) Ya le he dejado constancia anteriormente de que no lo soy.
ELEFANTE: Perdone usted, es que sufro de memoria de pez.
LIBÉLULA: (sorprendido) ¿Cómo? Siendo usted un elefante, eso es rarísimo.
ELEFANTE: Pero ¿no es extraño también que un elefante sea rosa?
LIBÉLULA: (admirado) Sol mío, ¡qué grandes descubrimientos están hoy produciéndose antes nuestros ojos!
ELEFANTE: (tímido) Bueno, verá…de eso también quería hablarle. Sus ojos…son tan arrebatadoramente hermosos…sus ojos dicen mucho de usted.
LIBÉLULA: ¿Y qué dicen?
ELEFANTE: Se lo diría si supiese leer sus ojos.
LIBÉLULA: ¿Y no sabe?
ELEFANTE: No, y mire que lo he intentado.
LIBÉLULA: Eso es porque me mira usted desde sus ojos y debería meterse dentro de mí para mirar con mis propios ojos. Así podría saber qué dicen mis ojos.
ELEFANTE: (triste) Pero la guerra está mal. Muere mucha gente inocente.
LIBÉLULA: (incrédulo) Pero ¿y mis ojos?
ELEFANTE: Me aburro constantemente si no cambio arbitrariamente de tema.
LIBÉLULA: (interesado) Entonces, sí, hábleme de la guerra.
ELEFANTE: Verá, prefiero…no es por contradecirle, pero prefiero la paz.
LIBÉLULA: Claro, ¿cómo se me habrá ocurrido a mí hablarle de la guerra?
ELEFANTE: Puede ser que yo le haya dado pie.
LIBÉLULA: Podría ser, pero eso es algo que nunca podremos averiguar.
ELEFANTE: ¿Sabe usted que cuando se deja de hablar teniendo miles de ideas pululando por la mente, esas ideas se pierden para siempre?
LIBÉLULA: (admirado) ¡Que elocuencia la suya!
ELEFANTE: (crecido) Algunos lo llaman retórica.
LIBÉLULA: ¿Y usted cómo lo llama?
ELEFANTE: Decir lo que uno piensa. Si es que un elefante rosa puede pensar.
LIBÉLULA: Pero en eso no consiste la retórica.
ELEFANTE: Pero los oradores no queremos que se sepa en qué consiste la retórica.
LIBÉLULA: Los grandes oradores.
ELEFANTE: Como yo.
LIBÉLULA: Como usted.
ELEFANTE: ¿Comemos?
LIBÉLULA: Prefiero almorzar.
ELEFANTE: Pero ¿no come usted cuando almuerza?
LIBÉLULA: (admirado) He aquí junto a mí un verdadero sabio.
ELEFANTE: (con desprecio) He aquí, perdone que le diga, un ignorante.
LIBÉLULA: Llámame ignorante, confieso que ignoro.
ELEFANTE: Yo ignoraba que usted ignorase.
LIBÉLULA: Pues ya lo sabe.
ELEFANTE: (grandilocuente) Prefiero decir que conozco.
LIBÉLULA: Yo, en cambio, no le conozco a usted.
ELEFANTE: (dejando caer las palabras) Nos hemos visto en un bar.
LIBÉLULA: No, no creo, no suelo ir a esos sitios.
ELEFANTE: Entonces será de otra cosa, de otro lugar y de otro momento.
LIBÉLULA: ¿Sabe qué me apetece?
ELEFANTE: No, pero me gustaría saberlo.
LIBÉLULA: Ir a un bar.
ELEFANTE: (extrañado) Si usted no suele…
LIBÉLULA: Que no suela no significa que no deba.
ELEFANTE: Pues venga, beba.
LIBÉLULA: No me apetece.
ELEFANTE: Cuán raro es usted.
LIBÉLULA: No tanto como usted.
ELEFANTE: Usted no es más que una libélula que sueña con ser mariposa.
LIBÉLULA: Y usted no deja de ser un elefante rosa.
ELEFANTE: (enamorado) ¿Me quiere usted?
LIBÉLULA: (con sentimiento) Le quiero.
ELEFANTE: ¿A pesar de que soy marica?
LIBÉLULA: (decidido) Precisamente por ser marica es por lo que le quiero tanto.
FIN
JOSÉ IBÁÑEZ
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1.
Loy | 24 Marzo 2008 at 10:37 am
Que ida de bola más guapa. Está cachondo, jejejejejeee.
2.
G. | 3 Mayo 2008 at 5:46 pm
“ELEFANTE: ¿Sabe usted que cuando se deja de hablar teniendo miles de ideas pululando por la mente, esas ideas se pierden para siempre? ”
Que cierto…y se aplica a textos o ideas que uno puede tener en mente.