El Termómetro
7 Junio 2008
Tra(d)ición popular
En un país donde las tradiciones son intocables, es difícil ser una persona coherente y uno corre el peligro de encontrarse constantemente enfrentado a la mayoría de pobladores del estado. Y, francamente, semana santa, feria, corpus, y demás expresiones culturales y/o de ocio no me quitan el sueño ni se convierten en un problema para mí más allá del mero desacuerdo con los valores que representan en contraste con los que se expresan realmente. Y es porque en ningún momento corre peligro la integridad de un ser vivo inocente. Y vuelvo al principio y repito que, por desgracia, vivimos en un lugar en el que se comete una gran temeridad al decir lo que se piensa cuando se trata de una tradición por absurda que parezca o por cruel que sea. Pero, amigos, jamás daré mi brazo a torcer ni sentiré miedo a la hora de tener la absoluta convicción de que todos los matadores de toros deberían ir al penal más cercano o bien realizar labores sociales, y no me refiero a limpiar el trasero de entrañables ancianos. Quiero verlos como se ven a los causantes de accidentes mortales en las clínicas, siendo testigos del sufrimiento en este caso animal, y si eso no es suficiente transmitírselo de alguna forma, mediante dolorosas y sangrantes laceraciones durante unos quince minutos. Una sesión por cada morlaco salvajemente ultrajado, maltratado, humillado y finalmente asesinado de la forma más cobarde, a traición, por la espalda, estando indefenso y a punto de clavar las rodillas en la arena de puro dolor.
De la misma forma que un hombre es juzgado y procesado, cosa lógica y justa, por maltratar a su perro. De la misma forma. Pero entonces viviríamos en el Parque Jurásico de Aldous Huxley, y yo no tendría que apartar la cara, con lágrimas en los ojos, cada vez que hago zapping.
Pero he de resignarme y saber que habrá un sinfín de personas que me escupiría, y no solo palabras, por haber escrito este artículo.
Antonio Moreno
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1.
Pilinguiña | 7 Junio 2008 at 11:37 pm
Sí, lo has dicho todo. Graicas
2.
José Ibáñez | 8 Junio 2008 at 12:19 am
A mí tampoco me gusta el toreo y sin embargo, Diego Carrasco escribió una de las canciones más bellas del flamenco que se llama Alfileres de colores. Unos lo ven como un arte y otros como un crimen. Yo prefiero no verlo. Lo interesante sería que entrase aquí un taurino a criticar este artículo. Creo que este termómetro puede ser el inicio de un debate acolorado. Ojalá suba la temperatura.
Por cierto, Anto, no sé por qué se te ocurre publicar siempre que a mí me ronda una idea por la cabeza. También puede ser que yo te lea el pensamiento. Bueno, lo dicho…que en breve me estrenaré en Canción/reacción.