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La máquina poética
Infinito movimiento
Yo no sé quedarme en tus caderas
porque lo que realmente me gusta
es resbalar hasta tus pies.
El infinito movimiento de tu danza
hace vibrar en mí un sentimiento
desde tu vientre hasta mi pecho
y me pone del revés.
Yo tengo el corazón en tus pies
e infinitamente mi boca en tus caderas
y la razón, la razón, no lo sé.
En una duna del desierto
o en la tienda de un tuareg
están mis ojos despiertos.
Y en la tienda del desierto,
y en la duna del tuareg,
perdida la razón entre tu pecho,
encontré mi boca a tus pies.
José Ibáñez
2 comments 7 Julio 2008