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Al filo de la madrugada
Se nos va la vida
La vida se nos va día a día, poco a poco. Desde el nacimiento se acciona una inevitable cuenta atrás que en algún momento llega al irrevocable cero. Podría parecer una tragedia. En parte lo es, pero sólo en parte.
Se nos va la vida propia cada día mientras esperamos el autobús, mientras hacemos cola en la fila de la panadería, mientras estudiamos, mientras estudiamos la forma de decir la cosas que queremos decir. La vida se nos va en dedicar tiempo a otros. La vida de otros se va en nuestras vidas.
Mi abuela tenía ya su reloj muy próximo al maldito cero. Su vida se iba mientras esperaba en la cama a que se le bajara la hinchazón de la pierna derecha, mientras se negaba a reconocer que la hinchazón no bajaría, mientras el cáncer se extendía por su cuerpo. Su vida se iba en las mejillas de quienes estuvimos con ella para besarla. La vida se le iba mientras se nos iba también a nosotros parte de nuestras vidas.
La vida se le fue a mi abuela el jueves veinte de noviembre. La vida se le fue a mi abuela el día que cumplía setenta y tres años de edad.
Como dije el lunes en Me buscas y me encuentras, nadie se muere mientras alguien le recuerde. La vida se le fue a mi abuela y a mí se me va la vida mientras escribo este último párrafo. La vida se le fue a mi abuela. Su recuerdo, se queda. Aquí. Conmigo. Mientras mi reloj no llegue a cero, se queda su recuerdo.
3 comments 25 Noviembre 2008