No tan micro (relato)

24 Abril 2009

La magdalena (primera parte)

A las seis de la mañana todavía debía atender mis obligaciones de taxista, aguardando en la avenida a que algún exceso de alcohol levantara la mano en señal de llamada. Estaba obligado a detener el taxi y esperar pacientemente a que el borracho se desparramara por los asientos traseros y dijera en una lengua incomprensible la dirección en la que quería que dejara su cadáver. Estaba acostumbrado al noble arte de la traducción porque en un tiempo atrás yo también fui viajero nocturno hasta que una madrugada alguien me cedió su taxi, que yo recibí como quien recibe una herencia; poniéndole flores al difunto y dispuesto a hacer todo lo contrario con su vehículo a lo que él hubiera querido.

Mientras el taxi fue de su primer dueño, a él no se subieron ni prostitutas ni religiosos , pero cuando yo heredé el armazón amarillo y negro y empecé a ejercer si licencia para hacerlo, las dueñas del placer encontraron en mí una especie de conductor oficial que las recogía y las llevaba hacia el olvido en mitad de la noche. En cuanto a los clérigos, mientras Dios no se metió en mis asuntos, yo no me metí en los de sus empleados.

Había paseado en el taxi a muchas señoritas con náuseas y falda corta, pero jamás me habían cobrado la carrera ellas a mí. Sin embargo, aquella noche sería yo el que pagara.

La Magdalena era nueva en el Raval. Hacía una semana que yo no pasaba por allí. Había estado de vacaciones en Cadaqués, visitando a la familia y subiendo a Portlligat por las tardes para mejorar mi nivel de alemán entre los jubilados germanos. Al regresar a Barcelona, como siempre, visité la Boquería, compré algo de fruta y pescado y me encerré en mi piso a dormir durante horas. Aletargado en la cama me rehice a la ciudad y perdí todo el alemán aprendido en el Cabo de Creus.

Por la noche volví al trabajo. Había ido a hacer un servicio en la Plaza de España, cuando sonó mi teléfono móvil. Siempre llevo activado el manos libres, así que atendí la llamada de inmediato. Una voz de mujer se abrió paso al otro lado de la línea telefónica sin recibir respuesta alguna por mi parte.

- Chófer, tienes que volver al Raval esta misma noche. Las chicas no dejan de preguntarme por ti. Ya les he dicho que habías estado en la playa viendo la casa de Dalí y tostándote al sol rodeado de jubilados alemanes. Bueno, también les he dicho que había algún inglés. Tú siempre dices eso, ¿no? – la mujer esperó un par de segundos y continuó con su monólogo- En fin, cari, que estas putas quieren verte. Bueno, y yo también. Ya sabes que yo siempre te echo de menos. Por cierto, ha llegado una chica nueva. Es africana, viene de París, una auténtica pantera de la selva. Ayer nos fuimos las dos juntas con el mismo tipo y la muy puta folla mejor que yo. ¿Te lo puedes creer?

No sabía si creérmelo o no, pero me picó la curiosidad. Detuve el taxi realizando una maniobra que rozaba la ilegalidad y desconecté el manos libres, incluso me salí del coche para atender la llamada, no porque me avergonzara que mi cliente, un japonés que tenía nivel cero de castellano y negativo de catalán, pudiera escuchar aquella conversación, sino porque yo mismo me avergonzaba de lo que iba a responder.

- Tengo que probar a esa chica.

- ¿Tú? Collons, nen. Si tú nunca te has ido con una puta. ¿Estás bien?

- Perfectamente- dije y colgé.

Dilaté mi visita al Raval todo lo que pude, pero al final sucumbí a la tentación. A las seis de la mañana pasé del borracho de turno y aceleré dejándole atrás escuchando como me llamaba Fill de puta con un acentazo catalán que parecía forzado.

Había estado allí muchas veces, aunque nunca había pagado por acostarme con ninguna de aquellas chicas. Yo sólo me limitaba a recogerlas y llevarlas a sus casas. Algunas compartían piso. Siempre les hacía un precio especial. Me había pasado horas en el taxi pensando en esa pantera africana de la que Paz me habló por teléfono.

Paz era la jefa de las putas. Al menos, así lo era para mí. No por ser la más vieja ni la más joven, tampoco por ser la más guapa ni la más fea. Quizás porque decían que era la que mejor follaba. La llamaban Paz porque primero daba paz y después gloria, pues decían sus clientes que descansar sobre sus caderas tras haberse corrido en su vientre era como subir al cielo.

Paz me recibió con un beso en la boca. Era su modo habitual de saludarme, a pesar de que sabía que me molestaba. Una a una fui saludando a las chicas, algunas salieron de los coches de los clientes de turno y vinieron corriendo a abrazarme con las bragas por las rodillas o, directamente, sin bragas. Tanta admiración por mí, “el chófer”, me puso nervioso, pero al fin se acabaron los abrazos y Paz espantó a la manada haciendo valer su condición de jefa.

- Es esa – me dijo refiriéndose a una negra espectacular que paseaba su bolso entre la larga fila de coches que sólo pasan por el Raval para mirar-.

- Quiero una cita con ella.

Una cita? Què dius d’una cita. És una puta. No te la vas a lligar. Pagues i cardes. Així de simple.

- ¿Pago y follo? Así de simple. Supongo que sí. No sé cómo funcionan estas cosas.

- Tú déjame a mí, perdulari.

- Tú sí que eres golfa.

Paz habló con la negra y regresó hacia mí.

- Métete en el taxi.

Me metí en el taxi y ella volvió a darme otra orden.

- Dame cincuenta euros… Cinquanta euros, nen. No em miris aixíla noia val més.

Yo ya sabía que la chica valía más de cincuenta euros, como también sabía que Paz sólo hablaba en catalán siempre que se le alteraba el ánimo.

Mi única duda era saber si yo sería capaz de parar mi coche junto a sus caderas. Aquella noche decidí poner a prueba mi condición humana.

continuará…

José Ibáñez

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4 Comments Add your own

  • 1. A. Moreno  |  24 Abril 2009 at 8:26 pm

    ¡¡Por fin palabras provenientes del más novelero de los tres!!
    Ya era hora, nen, esperamos la continuación…
    Lo mismo cuelgo El soplón por partes yo también.
    Un saludo, crack!

    Responder
  • 2. Isaac  |  30 Abril 2009 at 12:52 pm

    Veremos en qué quedó tu aventura. Jejeje… Ya estoy de paso por aquí. Ayer dejé la nota que me escribiste en el bolsillo. En la próxima ocasión, me pasó por tu Café. Saluditos.

    Responder
  • 3. a veces yo  |  4 Mayo 2009 at 12:08 am

    Ah, mi rinconcillo es http://www.isaacdesdelaazotea.blogspot.com He vuelto a escribir… Ya me cuentas sobre esa novela. Saluditos.

    Responder
  • 4. How I Lost Thirty Pounds in Thirty Days  |  4 Mayo 2009 at 7:48 am

    Hi, good post. I have been wondering about this issue,so thanks for writing. I will definitely be subscribing to your site.

    Responder

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